Le dije un día a un amigo que ha intentado sacarme del ministerio de jóvenes; “imagina que en un restaurante hay tres mesas; una mesa está llena de gente de iglesia, otra mesa está llena de adolescentes, y otra mesa está llena de líderes de jóvenes. Yo pasaría por la mesa que está llena de la gente de la iglesia, y los saludaría, pero no me voy a querer sentar allí con ellos. Permanecería un poco más de tiempo en la mesa de los adolescentes, asegurándome que todos se sientan cómodos. Pero me sentaría en la mesa donde están los líderes de jóvenes. Es allí donde me siento cómodo, es allí donde he pasado la mayor parte de mi tiempo, es el lenguaje más común que conozco, cuando hablo me entienden, es allí donde está el amor de mi vida y la razón por la cual nunca podría ser un pastor general.”
Mi mensaje ha cambiado un poco desde 1979, y una de las razones por las que ha cambiado es porque tengo a mis tres adolescentes en mi grupo de jóvenes, 18, 16, y 13. En la era de mi vida en la que me encuentro, enseño mucho sobre el sexo; hace unos meses en un mensaje estaba hablando de los profetas del antiguo testamento y de alguna manera se convirtió en un mensaje sobre las citas y el noviazgo, y al final mi esposa me pregunto: “¡¿De donde salió ESO?!” - mi hija de 18 años se llama Tori – y le dije: “Vi a Tori sentada junto a un muchacho en el grupo de jóvenes y eso me hizo saltar de un lado a otro y medio seguí esa otra línea en el mensaje.”
Pero mi mensaje también está cambiando mucho hacia los líderes de jóvenes. Hoy, me importan mucho menos los programas y las actividades, y me está importando mucho más el corazón; y por causa de eso, hoy soy amigo del líder de jóvenes. Soy tu amigo, y entiendo tu mundo, pero también entiendo que este mensaje va a ser un poco duro. Siento que este año Dios ha puesto un mensaje en mi corazón que es un poco más difícil.
Hoy quiero hablar sobre la ENVIDIA, y específicamente quiero hablar sobre la ENVIDIA EN EL MINISTERIO. Dios está haciendo algo en mi corazón, porque por años la envidia en el ministerio ha sido dueña de mí, ha capturado mi atención y ha estado a punto de arruinarme. Pero ahora que he pasado tiempo enfrentándola, me es tan fácil verla en otros, cuando yo no podía verla en mí. Veo en otros como hablan de los ministerios de los demás, como critican los ministerios de otras personas; como no le hablan a las personas porque son diferentes a ellas. Y aun en ambientes como este, empezamos a señalar, comparar y criticar. Y estos ambientes sirven de combustible para esa llama de envidia, y no se detiene aquí. Aquí se llena de combustible para que las llevemos de vuelta a nuestras iglesias, y la continuamos en nuestro corazón, nuestras conversaciones, escribimos al respecto a nuestra audiencia en nuestros blogs.
Como líderes de jóvenes, somos muy buenos para hablar de los ministerios de otras personas… pero nunca hablamos sobre el vacío de nuestra alma que causa esa envidia. Cuando lo pienso, en realidad entiendo porque es que nos quedamos callados. Amigos, se los voy a admitir, yo no quiero hablar sobre mi envidia. Prefiero mucho más, armarles un caso sobre mi orgullo, o porqué tengo problemas de ira, o aun podría admitirles tener algún problema de lujuria mucho antes de admitir que tengo envidia. Porque cuando admites que tienes envidia, estas gritando “soy inmaduro espiritualmente” y por causa de esto, la envidia permanece oculta dentro de los líderes y no lo admitimos. Pero la envidia siempre está allí, amenazante.
Esta mañana, nos bajamos del avión, llegamos al hotel y estaba tan cansado que tuve que ir a hacer ejercicio; corrí al gimnasio del hotel y allí veo a un tipo de mi edad con una cintura de 32 pulgadas y estos músculos de estómago. Yo siempre uso mi camisa de fuera para cubrir los rollos de piel extra que cuelgan. Mientras veo a ese tipo, siento cierta envidia. Pero esta es la cosa, la envidia no se quedó allí conmigo, me gustaría verme así, pero no me veo así, entonces… ¿qué? ¡Agarro una dona y sigo mi camino!
Y después, entro aquí a esta convención. He ido muchas veces a los eventos de Youth Specialties, y te paseas por todas estas exhibiciones y paras y miras algunas que son INCREIBLES… y las veo y me gustaría que mi ministerio tuviera gráficas así, o que mi ministerio se pudiera ver así de bien… ¡yo sigo usando el Windows 95! Así que nunca se verá así. Pero honestamente, no alcanzo a ver el nombre de la iglesia que se está anunciando, sigo mi camino y no le permito a la envidia que permanezca el tiempo suficiente como para lastimar a mi alma. Después voy a un seminario y escucho a alguien brillante, a alguien como Tony Jones y entonces me siento allí y escucho a este hombre y entonces envidio su inteligencia. Cuando me voy, tengo que pasar comprando el CD, porque tengo que ir a buscar las palabras que usó, porque la mayor parte del tiempo solo estuve allí sentado, asintiendo con mi cabeza pretendiendo que lo entendí todo, pero en realidad no tengo la menor idea de lo que está diciendo. Una vez más, no lo convierto en mi rival, después camino por las librerías de Youth Specialties, y veo algunos de mis libros allí, y se siente bien… pero después veo libros de Eugene Peterson, el tipo que parafraseo la Biblia y escribo “The Message” y entonces pienso… “ahora, ¡ESTE es un escritor de verdad!” Mis libros son historietas de comics comparados con sus libros. Y entonces envidio sus dones.
Esto es lo que les quiero decir… Yo estoy avergonzado de qué tan rápido puede entrar la envidia a mi vida cuando estoy alrededor de este lugar, o rodeado de gente que es más inteligente que yo, y más cómica que yo, o con más talento o espiritualidad que yo. Creo que casi todos aquí nos podemos relacionar con esto. Pero la pregunta es, ¿cómo podemos mantener a la envidia lejos? ¿Cómo tomamos la envidia de manera que no eche raíces en nuestras vidas? ¿Cómo manejamos la envidia, de manera que no nos sintamos descontentos continuamente en nuestros ministerios?
La envidia es peligrosa para tu alma, porque cuando entra lo que hace es hacer que las demás personas se conviertan en rivales emocionales. Y cuando creas un rival emocional, te separas de la persona; en realidad no te relacionas con esa persona; la estereotipas, la criticas, hablas mal de él o ella y no aprendes de ellos.
Desafortunadamente, en la comunidad que sigue a Cristo, en la comunidad cristiana, parece que es algo aceptable, en especial con esas personas que Dios parece que está bendiciendo y que Dios está usando de maneras espectaculares. Es fácil hacer de ellos un rival emocional. Mientras más grandes son los Joel Olsteen o las Joyce Meyers, los Rick Warren, los Andy Stanley, Hillsong, Bobby Houston, o Whitney Houston, o como sea que se llame (es una broma)… ellos son blancos fáciles, pero de esto estoy convencido: la mayor parte de nosotros aquí, no conectamos nuestras críticas hacia otros ministerios, no la conectamos con la envidia. ¡No! ¡Nosotros somos mucho más inteligentes que eso! Nosotros la disfrazamos, nosotros decimos “no, yo no tengo envidia, a mí simplemente no me cae bien… no me gusta lo que enseñan,… no me gusta su ministerio” y he llegado a creer que en la comunidad cristiana, estamos en contra de todo lo que es diferente a nosotros.
Amigos, hay tragedias allí. Una de las tragedias que he visto en el restaurante, en la mesa de los líderes de jóvenes, es un sentimiento de descontento; gente que no está contenta en sus situaciones y ministerios. Otra tragedia es que cuando estás lleno de envidia, tienes menos amor para darles a tus jóvenes en tu ministerio. Es decir, si los chicos en tu ministerio en realidad supieran la envidia que sientes hacia otras personas, ellos se sentirían avergonzados de nosotros. Ellos dirían: “¿Estás desperdiciando el amor que tienes, en ESO?”, “¡Fíjate en mí, yo estoy aquí parado solito, y nadie se está fijando en mi!”, “¡Ponme atención a mi! Debes de estar bromeando al llenar tu corazón de envidia, sólo porque estás en contra de alguien; mientras que yo vengo todos los miércoles en la noche y ¡ni siquiera te fijas en mi!”
Estoy convencido de que cuando pasamos tanto tiempo promoviendo todas las cosas con las que estamos en contra, el mensaje de quien estamos a favor, se pierde. Mientras los cristianos están rebajando a todos los demás, ¿cómo está siendo Jesús exaltado? He pensado muchas veces. “si yo no fuera creyente, y tuviera algún grado de inteligencia; yo no querría tener nada que ver con algún seguidor de Cristo.” Porque nosotros estamos en contra de TODO. El movimiento de “iglesias en casa” está en contra de la iglesia tradicional; la iglesia tradicional está en contra de las mega iglesias; las mega iglesias están en contra de la iglesia emergente; la iglesia emergente está en contra de la iglesia moderna… es decir: ¡La lista puede seguir! Esos que enseñan verso a verso contra los que enseñan por temas; los Calvinistas no les agradan los Arminianos; Young life, no le agrada Campus life; los profesores de seminario… bueno, a ellos no les cae bien nadie (es una broma).
Ahora, déjame preguntarte: ¿Quién es tu rival? ¿Quien es tu enemigo? ¿Quién es tu enemigo emocional? Y olvídate de las celebridades. Olvídate de esas personas a quienes has puesto en un pedestal. Considera solamente a las personas que están dentro de tu campo visual.
Para ser honesto, en mí, mi envidia no es hacia las personas fuera de mi iglesia, sino es hacia aquellos adentro de mi iglesia. Es hacia ese colega, que siempre parece estar usando MI tiempo con el pastor; ese colega que siempre utiliza a mi pastor para hacer las ilustraciones o los ejemplos; ese colega a quien siempre le piden que asista a las reuniones importantes o a las reuniones especiales. Y cada vez que veo a este colega, ¡quiero pegarle! Y de hecho, el es una gran persona, me cae bien… bueno, solía caerme bien… ¡pero la terapia ya me está ayudando! (Es una broma.)
Pero, olvídate de mí… ¿¡que hay de ti!? Quizá tu eres un voluntario y sientes envida hacia otro voluntario porque él conecta mejor y se relaciona mejor con los adolescentes que tú. Y sientes envidia de su ministerio. Quizá es la iglesia que está en tu vecindario y tú eres un pastor de jóvenes; pero ellos tienen más entusiasmo y más energía y edificios y números, y presupuesto, y tú sabes que ellos no enseñan la Palabra de Dios tan fielmente como lo haces tú. Quizás tú envidia está allí. Envidias a la persona que tomó tu posición en la iglesia anterior, porque los jóvenes hablan TAN bien de él. O quizá es la persona que solía tener el puesto que tú tienes en tu iglesia ahora, porque los jóvenes TODAVIA hablan bien de esa persona.
Esto es lo que les estoy preguntando: en un momento de honestidad… ¿alguna vez has envidiado el ministerio de alguien más, o la iglesia en donde trabajan, o el reconocimiento que reciben? Si alguna vez has envidiado el salario o éxito o estatus, o educación, enseñanza o temperamento, inteligencia o calidad de carácter, o dones espirituales, ¿serías lo suficientemente valiente para admitirlo? ¡NO ESTÁS SOLO!
También quiero demostrarles que tú y yo no estamos solos, que la Palabra de Dios está llena de eventos donde entra la envidia y destruye la obra de Dios en la vida de las personas, y quiero que veamos un ejemplo en particular hoy. Es uno con quien tal vez estás familiarizado pero sólo me voy a enfocar en el principio de este ejemplo. Se encuentra en Génesis 37 con José y sus hermanos. Tú conoces aquí, la cara fea de la envidia y lo que hace, pero creo que en estos cuantos pasajes podemos ver algunas señales; y esto es lo mejor. Si puedes aprender algunas de las señales de la envidia y las podemos capturar de la Palabra de Dios entonces nos podemos decir a nosotros mismos: “Bueno, yo no quiero caer en esa trampa… no quiero abrazar eso… no quiero agarrar esa forma”.
Así que veamos Génesis 37, empezando por verso 3… para los que no conocen el evento… Jacob es el papá: “Y amaba Jacob a José más que a todos sus hijos, porque era para él, el hijo de su vejez”. Hagamos una pausa aquí, porque de entrada podemos ver, cómo ya se abre el espacio para la envidia. No sólo papá amaba a José más que a los demás hijos… sino que ¡EL SE LOS DIJO! Mala idea, es una mala idea hacer eso. Tengo unas cuantas palabras para Jacob: escuela para padres. Y mi razón para decir esto es porque esto me pasa muy cerca… en mi dinámica familiar. ¡YO NO ERA EL FAVORITO! ¡Yo soy el hijo mediano, entre dos mujeres! Así que, soy el de en medio y tengo dos hermanas… para los que son psicólogos aquí, y han leído mis libros o me han escuchado hablar antes, de seguro están pensando ahorita: “Sabía que estabas loco, ¡y ahora entiendo por qué!”
Mi hermana mayor era obviamente la favorita. Ella era la favorita y esto es lo que quiero que escuchen, esto es lo que lo hace aun más evidente. ¿Cuál es la fecha favorita de todo el mundo? ¡Navidad! Bueno, el nombre de mi hermana es: Noelle. La favorita de todos, Noelle. De hecho era una regla general en la casa, cuando decías su nombre, tenias que darle un regalo (es una broma). Lo loco de esto es que ella nació en ¡OCTUBRE! Yo nací el 30 de Diciembre; cinco días después del nacimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y a mí me ponen… Doug. Todos sabemos que Doug es la forma corta de decir, Douglas. Y después todos aman a mi hermanita pequeña, porque es… El bebé de la familia. Todo el mundo ama a Beth.
Muchos de nosotros aquí, sospechamos que nuestros padres tenían a un favorito. Pero los hermanos de José tienen ya evidencia fuerte, aquí ya está puesta la trampa para la envidia. Y no sólo es José el favorito, pero veamos qué pasa en el resto del verso 3.
Así que un día, papá decide darle a José un regalo especial; una hermosa túnica. El favoritismo está tomando ahora una forma muy concreta. Papá le da a su hijo favorito una túnica, una túnica especial. De hecho, la palabra en hebreo para esto es un poco difícil de traducir; algunas versiones lo traducen como una túnica de mangas largas o Reina Valera lo traduce como túnica de muchos colores; pero sea lo que sea, se entiende que es una túnica muy bonita. Siempre que yo le hago la traducción, pienso en ella como la “Maravillosa Túnica Tecnicolor Soñada”, así es como pienso en ella. Pero cuando lees esto, si lo ves desde el punto de vista de hoy en día, dirás: “¿Túnica? ¿Qué tiene de especial una túnica? Porque mi mente automáticamente se imagina la bata de mi papá. Mi papá usó la misma bata toda su vida; empezó siendo azul y ahora está desgastada y tiene un color incierto con manchas misteriosas de cosas en que se ha sentado, tiene hoyos. Cuando se le rompió el cincho, ¿Acaso se compró una nueva? ¡NO! ¡Mi papá salió al garaje por una cuerda elástica y la usa por otros 15 años! Pero la túnica de José era distinta, era especial, esa túnica era hecha a mano por un sastre; y dice aquí que era un símbolo de estatus cuando José la usaba. Cada vez que él se la ponía, decía “amor”, “valor”, “eres especial” y decía lo contrario a lo que le decía a sus hermanos. La túnica era una manera clara de restregarle a sus hermanos en la cara que ellos nunca iban a ser los favoritos. Nunca serán los mejores; tendrán siempre el segundo lugar.
Amigos, puede que hayan razones legítimas para tener envidia dentro de tu ministerio. Quizá el pastor pasa más tiempo con alguien más en tu equipo que contigo. El presupuesto para el grupo de jóvenes quizá es menor que el presupuesto para mantenimiento de la iglesia. El pianista voluntario quizá ya tiene una oficina en tu iglesia mientras tú todavía tienes un cubículo. Quizá eres un líder voluntario que ha estado más tiempo que cualquier otro voluntario, y a ti nunca te han pedido que des alguna enseñanza o que dirijas la alabanza. Puede haber razones legítimas para tener envidia. Son razones legítimas para tener envidia. Pero la clave para un liderazgo efectivo, la clave para un ministerio de jóvenes saludable, la clave para tener un alma que está bien con Dios es: ¿Cómo puedo evitar que la envidia se convierta destructiva a mi alma?
Verso 4: “… y sus hermanos lo odiaban porque su padre lo amaba más que a todos y no podían hablarle amistosamente…” Esto me parece interesante porque los hermanos odian a José, pero ¿con quién deberían de estar enojados? ¡Sí! ¡Absolutamente! ¡Con el papá! Pero el texto no dice que ellos estaban enojados con el papá; mientras que el papá era el que tenía favoritismos. Y la señal es esta: “estaban tan molestos, que no podían hablarle amistosamente.” Es así como funciona la envidia; te distrae del asunto real. La envidia culpa a otras personas mientras deberíamos de estar sosteniendo el espejo viendo nuestros propios corazones; esa es la señal, no puedes decir algo bueno sobre ellos.
Verso 5: “José tuvo un sueño y cuando lo contó a sus hermanos, ellos lo odiaron aún más. Y él les dijo: Os ruego que escuchéis este sueño que he tenido. He aquí, estábamos atando gavillas en medio del campo, y he aquí que mi gavilla se levantó y se puso derecha, y entonces vuestras gavillas se ponían alrededor y se inclinaban hacia mi gavilla.” Entonces, para ustedes que tienen hermanos, ¿podrían imaginarse esa escena? Les dirías: “Vengan, vengan… tuve este sueño anoche… era increíble, porque en este sueño iba a haber un día donde yo… yo seré un gobernador por encima de ustedes. Y ustedes van a obedecer ordenes de mí, y van someterse a mi liderazgo. ¿Acaso no es maravilloso? ¿No están emocionados por mí? De hecho, ¿porqué no practicamos un poco eso ahorita?” ¿Pueden entender ahora por qué es que lo odiaban tanto?
Ahora se están poniendo cínicos. Verso 8: “Y sus hermanos le dijeron: ¿Acaso reinarás sobre nosotros? ¿O acaso te enseñorearás sobre nosotros? Y lo odiaron aún más, por causa de sus sueños y de sus palabras.” Aquí hay otra señal. Cuando tienes envidia, hasta el detalle más mínimo de lo que haga esa persona te hará enojar. Te convertirás en el maestro de cómo encontrar fallas en cada una de las cosas que ellos hagan. Esa persona, no podrá hacer nada bien; puede ser que estén compartiendo un sueño de lo más inocente, pero atraerá una reacción de los envidiosos.
Yo puedo ver esto en mi propia vida, porque puedo estar en una reunión con este colega y él puede que esté compartiendo una petición de oración o algo con respecto a su ministerio, quizá un sueño que tuvo; y allí estoy yo, volteando la mirada, o pensando dentro de mi mismo “Eso no va a funcionar jamás” o me estaré burlando como lo hicieron los hermanos. Puedo en realidad entender esta reacción en carne propia.
Saltemos al versículo 18: “Cuando ellos lo vieron de lejos, y antes que se les acercara, tramaron contra él para matarlo.” ¿Cómo creen ustedes que sus hermanos hicieron para reconocerlo antes de que se acercara? Ven, esto revela otra señal sobre la envidia. Cuando eres envidioso, ni siquiera necesitas ver el panorama completo, no necesitas los detalles de la persona. Con tan sólo escuchar el nombre de esa persona, o el nombre de esa iglesia, o escuchar el nombre de esa denominación o algo que esté relacionado, hace que este mal surja de adentro de nosotros tan fácilmente. ¡Desde que lograron descifrar que era él quien venía, tuvieron el tiempo suficiente para hacer planes para matarlo!
Es posible que dentro de ti estés diciendo: “Pero Fields, vamos; puede ser que si tenga un rival emocional o que yo si luche un poco con la envidia, ¡pero yo no voy a matar a nadie! Estamos en el siglo XXI, nosotros no le hacemos eso a la gente!” ¡Está bien Gandhi, muy bien! Tal vez no mates a esa persona, pero… ¿qué tal matar su reputación escribiendo un blog negativo? ¿O qué tal matar una relación al hablar mal sobre tu rival? ¿Qué tal matar el ministerio de una persona mientras le preparas un fracaso? El asesinato ni siquiera lo contemplamos pero, ¿qué hay con tomar acciones para lastimarlos?
Verso 19: “Aquí viene el soñador, se dijeron unos a otros” Aquí hay otra señal. Cuando eres envidioso, deshumanizas a la persona; los reduces a un término. Ya no son un hijo, hija, un hermano, una hermana, una mamá, un papá; sino son “un soñador”. “Aquí viene el Sr. Emergente”, “Aquí viene el Calvinista”. Sea lo que sea.
Saltemos al verso 23: “Y sucedió que cuando José llegó a sus hermanos, despojaron a José de su túnica; y lo tomaron y lo echaron en el pozo. Pasaron entonces unos mercaderes madianitas, y ellos sacaron a José, subiéndolo del pozo, y vendieron a José a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y éstos llevaron a José a Egipto.” Ahora, dense cuenta que ellos no mataron a José, pero definitivamente se aseguraron de removerlo de su posición como favorito. Y me es interesante en este texto, que destruyeron la túnica, porque cuando lo estudié pensé: “¿Por qué destruyeron la túnica?” Es decir, sé que lo hicieron para que hubiera evidencia para su papá. ¡Pero la túnica era lo que ellos querían! Esa es otra señal de la envidia. Si yo no puedo tenerlo, no quiero que mi rival lo tenga. Si no puedo enseñar yo esa clase, entonces yo no quiero que él enseñe esa clase. Si yo no puedo ir a ese evento con el pastor, entonces yo no quiero que él vaya a ese evento. Yo no quiero que mi rival emocional experimente algo que yo no puedo experimentar. Esa es la envidia.
El papá se entera. Verso 34: “Estuvo de duelo por su hijo muchos días. Y todos sus hijos y todas sus hijas vinieron para consolarlo, pero él rehusó ser consolado, y dijo: Ciertamente enlutado bajaré al Seol por causa de mi hijo. Y su padre lloró por él.” Y esta es la razón por la que la envidia nunca gana. Vean, los hermanos sacan al rival de su camino, pero de ninguna forma están más cerca de lo que querían. ¡El corazón de Jacob, el papá, de repente se enfocó más en José! Es por eso que la envidia siempre fracasa. La envidia nunca gana. Es por eso que en Romanos capítulo 1 la envidia está conectada con el mal y como nuestro Dios odia el mal, Él no te bendecirá a ti, no bendecirá tu liderazgo y no bendecirá tu ministerio mientras haya raíces de envidia en tu vida.
Aquí está mi reto, no sólo como un hermano en Cristo, sino también como un líder de jóvenes. Quiero motivarte a que sostengas ese espejo frente a tu corazón. Busca. ¿Qué es eso que tanto quieres y que no estás obteniendo? ¿Qué vacio es el que hay tan adentro tuyo que está provocando la envidia? ¡Porque la envidia no se trata de la otra persona, la envidia se trata de ti!
Vean, no se trataba sobre la túnica; los hermanos destruyeron la túnica. Lo que los hermanos en realidad querían era que cuando ellos entraran a un lugar los ojos de papá brillaran. Ahora ellos entran a un lugar y los ojos de papá están cerrados… porque José ya no está. La envidia no funcionó, nunca funciona.
Si la envidia ha echado raíz en tu vida, por favor, hazte cargo de eso antes de que te destruya a ti y a tu ministerio. He estado en el ministerio por 25 años, trabajando en la iglesia; y en mi vida entera, nunca he escuchado un mensaje sobre la envidia ministerial. Pero aun así cada líder que conozco, tiene raíces de envidia en alguna parte de su vida. No la disfraces con críticas, ni tampoco con intelectualismo. Hazte cargo de ella y enfréntala.
¿Qué puedes hacer entonces? Si hay un pequeño latir en tu corazón que está diciendo, “Si Doug, hoy si me diste a mi; ese soy yo”, tómalo como un momento de parte del Espíritu de Dios, y hazte cargo de este asunto. ¿Qué hacer? Bueno te diré lo que hice yo:
Yo lo admití; y fue una de las cosas que trajo más libertad a mi vida. Admití frente a mi célula que yo tenía envidia de otra persona. Me dio tanta libertad sacarlo de mi interior, sin disfrazarlo como una critica, intelectualismo o como una filosofía; sino, era envidia pura. Ellos estaban teniendo algo que YO quería y yo tenía que admitirlo. Darme cuenta que mientras crecía yo siempre quise ese amor, valor y aceptación; pero cuando alguien más lo obtenía… aquí están las palabras claves, POR ENCIMA MÍO, hacia que el mal se activara. Pero admitirlo, y sacarlo de mi sistema ¡me trajo tanta libertad!
La siguiente cosa que tuve que hacer fue pedirle perdón a Dios. Pero no me refiero a confesar. No fue algo así como “confesarle mi pecado a Dios” lo cual es maravilloso, pero no es a eso a lo que me refiero. Me refiero a, verdaderamente pedirle perdón a Dios porque tener envidia es como decir: “¡Dios, no me hiciste bien! ¡Tu provisión para mí no es lo suficientemente buena! ¡Tu me estás engañando, porque no me estás dando algo que merezco, Dios!”
La clave es esta: en el corazón de la envidia, está la mentira de que Dios te debe algo. Y es posible que estés diciendo: “Dios me debe una mejor iglesia”, “Dios me debe un grupo de jóvenes más tranquilo”, “Dios me debe un poco de aprecio por todo mi trabajo”, “Dios me debe la oportunidad de ser conocido y apreciado por lo que hago”, “Dios me debe más voluntarios como la otra iglesia tiene”, “Dios me debe una túnica de lujo de muchos colores.”
Yo quisiera que Dios me debiera algo, se los digo desde el fondo de mi corazón. Yo quisiera que Dios me debiera algo, porque de seguro le pediría que me lo pagara. Pero Dios no me debe nada, yo tengo lo que no merezco. ¿Amén? Tú tienes lo que no mereces.
Si tú eres un líder de jóvenes, déjame decirte algo. Yo siempre me sentí engañado en el ministerio de jóvenes, cuando pensé que yo merecía la túnica de alguien más, el ministerio de alguien más, el éxito de alguien más. Yo siempre me sentí inconforme cuando me enfocaba en la túnica de alguien más en lugar de ver cuál es el plan de Dios para mí en el ambiente en el que me ha puesto. Lo admití y me disculpé con Dios.
Algo que trajo mucha libertad a mi vida y lo he convertido ahora en un hábito en mi vida, es celebrar a otros. Porque cuando un amigo, colega o un líder de algún ministerio tiene éxito y tú no puedes celebrar por ellos cuando el fruto de su ministerio es obvio, tu corazón se endurecerá y te ahogarás en la envidia. Conviértelo en un hábito; aprende a celebrar a tus rivales. No lo hagas cuando sientas ánimos de hacerlo, pero celebra HASTA que sientas los ánimos de hacerlo.
Estaba compartiendo con este amigo en mi célula este mensaje que les estoy dando; y el me dice: “tú debiste haber tenido mucha experiencia lidiando con la envidia trabajando para Rick Warren.” Rick Warren ha sido mi pastor por 15 años, pero este amigo seguía y seguía diciéndome: “Él escribió un best-seller que vendió más de treinta millones de copias; y todos tus libros combinados ni siquiera han llegado a… treinta. Rick Warren está en la portada de todas las revistas. Rick Warren está en el top 8 del Myspace del presidente Bush. Rick Warren tiene a Larry King en el discado rápido de su celular.” Él seguía y seguía y seguía con Rick Warren esto, Rick Warren aquello… entonces después le dije a esta persona, quien dejó de ser amigo (son bromas)… le dije: “Esta es la razón por la cual la envidia nunca se ha quedado conmigo hacia Rick; y es porque durante quince años yo he estado celebrándolo.” Y en realidad lo he hecho, he celebrado sus éxitos. Es decir, yo no estoy “cableado” como él; yo eso lo aprendí hace mucho tiempo. Yo no hago las cosas como las hace él y Dios lo ha usado de maneras increíbles. Pero hice un hábito celebrarlo a él. He tenido envidia de otras personas, pero no de él. Si bien no soy como él; he estado celebrando su corazón por Dios. Claro, me fascinaría que llegara uno de sus cheques a mi buzón; pero no me gustaría tener su vida. Entonces lo que he aprendido, se los paso a ustedes. Celebra a otros, no esperes hasta que sientas las ganas de hacerlo, si no hazlo hasta que tengas las ganas de hacerlo.
Lo que quiere decir esto es que cuando estés en una reunión de personal de tu iglesia, y tu pastor general está a punto de asignarle la actividad de Navidad a otro departamento, ¿qué harás? Después de la reunión, te le acercas al líder elegido ¡y lo celebras! “Hermana, ¡estoy TAN emocionado por ti!” Y esto es lo que pasa: cuando lo celebras estás protegiendo tu corazón.
Si tú eres un voluntario, y estás en la reunión del miércoles en la noche mientras otro voluntario está dándoles el mensaje a los adolescentes esa noche, y tú estás parado hasta atrás del salón escuchando y pensando, “Es bueno, está haciendo un buen trabajo; los jóvenes están poniendo atención más de lo normal...” y muy dentro de ti, tú sabes que esa persona es un mejor comunicador que tú, ¿qué haces al finalizar la reunión? Lo celebras, te le acercas y le dices: “Jeff, gracias por el esfuerzo que hiciste en este mensaje. Tú elevaste la barra de la comunicación. Y aprecio mucho tu trabajo, los jóvenes estaban poniendo mucha atención.” Cuando haces esto, la envidia no tomará lugar en tu vida.
Vean, cuando el celebrar a otros se convierte en un hábito en tu vida, tú le estas diciendo “no” a los rivales; estás diciendo, “no voy a permitir que la envidia tenga un reinado en mi vida.” Porque en el corazón de la envidia está la mentira de que Dios te debe algo. Pero la verdad es que Dios nos ha dado ya mucho más de lo que merecemos. Dios ya te ha dado, mucho más de lo que mereces. Piénsalo: te ha dado perdón, te ha dado Su presencia y con Su presencia viene Su Poder; te ha dado la promesa de vida eterna. Te ha prometido también otra cosa.
En Apocalipsis capitulo 3 leemos sobre otro tipo de túnica que Dios ha preparado para los que le siguen. La Biblia le llama una túnica blanca, y el tiempo llegará cuando a nosotros, que tenemos una relación con Dios, nos será dada una túnica blanca. Esta túnica blanca comunicará valor, amor y un precio. Dios te dará esa túnica blanca, no por lo que has hecho, si no por quien tú eres.
Quiero motivarte a que no pierdas tu tiempo viendo las túnicas que otras personas tienen, porque habrá un día en que tu estarás en la presencia de Dios donde Él te pondrá esa túnica blanca y te dirá: “Bien hecho, mi siervo fiel.” Líderes de Jóvenes, enfoquémonos en esta túnica. Seamos llenos con el amor de Dios para que podamos dárselo a esos adolescentes que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado.
Quiero pedirles que hagan algo que requiere de mucha valentía; quiero pedirte que si tú pensaste en algún momento, “Dios mío, esto es algo con lo que estoy luchando”, “Doug, tienes razón, me acabas de describir a mí”, si sientes que la envidia esta allí, enraizada en tu vida, ¿serías tan valiente de poder tomar ese primer paso y admitirlo? Quiero motivarte a hacerlo. También quiero que veas, que no estás solo.
Dios, Gracias por el valor de los hombres y mujeres que han admitido su envidia; a quienes les importa mucho su corazón, lo suficiente como para tomar un riesgo. Dios te pido que honres y le des favor a ese riesgo. Es muy seguido que en nuestros ambientes veamos las túnicas de otras personas haciéndonos sentir inconformes e ineficientes. Dios te pido que nos podamos enfocar en la túnica que tienes para nosotros guardada. Dios, podrías recordarle en sus corazones, que tu amor por nosotros no se basa en nuestro ministerio de jóvenes o cuantos jóvenes tenemos en nuestros ministerios, o la cantidad de dinero que hay en nuestro bolsillo, sino que se basa en que somos tus hijos, por lo que estamos agradecidos. Y el pueblo de Dios dice, ¡amén!
Transcripción de la conferencia dictada en “National Youth Workers Convention”, Atlanta, EEUU (Noviembre 2007). Traducción y adaptación: Jonathan Porta (Arrowhead Ministries, Guatemala)
NOTA: En inglés es utilizada la traducción, New Living Translation. En español se utilizó la traducción Biblia de Las Américas. |