A esta altura de la historia de la humanidad todos deberíamos tener en claro que al referirnos a la sanidad del ser humano deberíamos hacerlo en forma integral. La Biblia hace referencia a la sanidad del ser humano antes que la psicología y la antropología en este sentido. A lo largo de toda la Biblia vemos el insistente deseo de Dios de mostrarnos un ser integral, creado con un cuerpo, un alma, un espíritu y que vive en sociedad. En el Capítulo 2 del evangelio de Lucas, por ejemplo, en el versículo 52 dice: “Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” denotando que el desarrollo de Jesús estuvo en torno a estas 4 áreas. En “sabiduría”, el área psicológica y mental; en “estatura” pudiéndose pensar ésta como el área física o biológica; en “gracia para con los hombre” o el área social y en “gracia para con Dios”, pudiendo pesar esta área del espíritu. Esta misma idea es reforzada por el apóstol Pablo escribiéndole a la iglesia en Tesalónica para pedirle que “…todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible…” Primera Tesalonicenses 5:23. (Santa Biblia, Reina - Valera, 1960) dejando claramente plasmado que el cuidado del cristiano debía ser en “guardar” un desarrollo integral del mismo.
La sexualidad humana es la expresión de un ser integral y abarca las áreas del conocimiento, de las creencias, actitudes, valores y del comportamiento de los individuos a nivel sexual, que sus dimensiones incluyen la anatomía, la psicología y bioquímica de respuesta sexual; la identidad, orientación, funciones y personalidad, y los pensamientos, sentimientos y relaciones. Aún organismos no cristianos como la Organización Mundial para la Salud definen a la sexualidad como “la integración de los aspectos físicos, emocionales, intelectuales y sociales de un ser humano de manera que permiten un enriquecimiento positivo y mejoran la personalidad, la comunicación y el amor”. Por eso al involucrarnos en el tema de la homosexualidad tenemos que tener claro que debemos estar hablando del ser humano completo.
El órgano sexual más poderoso y las estadísticas
En casi todas las conferencias que hoy estamos compartiendo acerca de homosexualidad suelo comenzar con esta pregunta: ¿Cuál es el principal órgano sexual?, y por supuesto los primeros que responden son los hombres diciendo “el pene” , aunque intuyo que algunos quisieran responder “mi pene” . Pero eso es incorrecto. El cerebro es el principal órgano sexual. Si el cerebro se excita, entonces nuestros órganos genitales también lo harán. Una sana y correcta sexualidad comienza en el cerebro, en nuestros valores, en nuestro espíritu, en nuestro entendimiento, en nuestra mente.
Desde nuestra experiencia clínica y pastoral, más del 80% de los chicos que luchan con la homosexualidad provienen de vivencias en las que han sido acariciados, tocados o abusados por un adulto antes de sus 12 años de edad. Las encuestas dicen que de cada 10 jóvenes de un grupo juvenil cristiano:
>> Al menos 4 tuvieron experiencias sexuales negativas en la infancia.
>> 2 fueron manoseados o “acariciados” por un mayor.
>> 1 sufrió abuso sexual físico, sin llegar a violación.
>> Y que de cada 15 jóvenes, 1 fue violado en la niñez.
Si estos datos son reales y en tu grupo juvenil tienes 80 jóvenes, como mínimo 30 de ellos tuvieron una experiencia sexual negativa en su infancia; por lo menos 16 de ellos fueron acariciados por un adulto; 8 de tus jóvenes fueron abusados y 3 de ellos violados. ¿Lo sabías? ¿Qué hemos hecho con esto? No estamos hablando de ficción, esto está pasando dentro de nuestros grupos juveniles y si todavía no nos hemos enterado de esta realidad, es que quizás no hemos generado los espacios para que nuestros jóvenes lo hablen.
Lo más escalofriante y el desafío
Otras encuestas recogidas por el mundo indican que este tipo de abuso o violencia, en su 90% ha sido realizado por familiares directos o conocidos por el hogar del niño, siendo las mismas proporciones en cualquier ciudad o estrato social. Obviamente cuando estas vivencias infantiles no son sanadas, generan un campo propicio para que especialmente durante la pubertad, la semilla de la duda en la identidad de género u homosexualidad pueda germinar.
Los chicos o chicas que sufrieron este tipo de experiencias están más propensos a desarrollar miedo a ser homosexuales, a tener episodios de atracción homosexual durante su pubertad y luchar contra la indefinición sexual. Es que si ese adulto que causó el daño, es el mismo adulto que tenía toda la confianza y admiración por parte del niño, las confusiones que este produzca son más que obvias. Cuestiones como estas y otras comienzan a inundar la mente del niño, llevando a una desestructuración tan grande que, posiblemente, fracture el desarrollo psicosexual. Y es muy probable que ese mismo niño, llegando a la adolescencia, comience a luchar con dudas y pensamientos homosexuales producto de esas vivencias.
Por eso es inminente que como líderes, retomemos la tarea de hablar y generar espacios para ministrar sanidad sobre estas vivencias de la niñez y adolescencia en nuestros programas juveniles. En el libro “Homosexualidad y Juventud” recientemente publicado por Especialidades Juveniles, hemos trabajado algunas respuestas, porque debe quedar atrás el tiempo en que la homosexualidad era solo objeto de acusación barata o broma torpe dada por alguien atrás de un pulpito. Necesitamos lideres maduros que sepan acercase al joven de manera integral y con la certeza de que a través del Espíritu de Dios se puede llegar a la sanidad en todas las áreas del ser humano.
Tomado de su libro “Homosexualidad y Juventud”, publicado por Especialidades Juveniles®
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