El año pasado tuve la oportunidad de pasar unos días en Nashville y encontré una escena sumamente curiosa. Resulta que existe una esquina en el centro de la ciudad donde la misma calle cambia de nombre; hacia la izquierda se llama “Gay Street” y hacia la derecha, “Church Street”. No conozco el trasfondo de esa disposición, pero sí entiendo el mensaje que nos transmite: iglesia y homosexualidad no son compatibles.
Por mucho tiempo hemos querido que las cosas sean así; que este pecado se quede fuera de la iglesia. No deseamos que entre porque le pertenece al mundo, sucio y contaminado. |

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YO NO PUEDO TOMAR DECISIONES SOBRE
LA CONDUCTA DE UNA PERSONA HOMOSEXUAL...
PERO SÍ PUEDO HACERLO SOBRE LA MIA HACIA EL O ELLA. |
No obstante, esta forma de pensar refleja que, aunque tenemos una postura teológica muy firme sobre los temas de pecados sexuales (que bueno), quizás nuestra práctica no sea la correcta (que malo). En primer lugar, tal vez nosotros mismos no vivimos en tanta santidad sexual y, en segundo lugar, parece ser que no hemos sido muy efectivos para brindar sanidad, restauración, perdón a quienes caen en tales conductas. Nos jactamos de tener la sana doctrina, pero la pregunta es si ésta nos ha servido en la vida real, y más allá, si ha sido de beneficio para quienes necesitan esperanza.
En esta edición de Líder Juvenil abordamos el tema de la homosexualidad desde una perspectiva muy peculiar. Por el momento, dejaremos a un lado las discusiones del origen, causas y efectos de esta conducta. No vamos a hablar de las personas homosexuales; vamos a hablar de nosotros.
Generalmente hablamos de los que “ellos” deben cambiar, y decimos muy poco de lo que “nosotros” podemos hacer. Pero, realmente, ¿cuánto control podemos tener sobre las decisiones de otras personas? No mucho; aunque sí podemos hacer algo acerca de las nuestras. Ya basta de hacer énfasis en las responsabilidades (o irresponsabilidades) de los demás, y pongamos la mirada en las que nosotros tenemos, es decir, las que Dios ha dado a su iglesia.
Es tiempo de ampliar el problema de la homosexualidad e incluirnos en él.
Junior Zapata nos recordará que debemos cambiar nuestra homofobia. Esly Carvalho nos dará un claro panorama de cuál debe ser nuestra postura, nuestra actitud. Annette Gulick llamará nuestra atención hacia profundizar en las relaciones, y Lucas Leys cerrará esta edición con un recordatorio del pensamiento de Dios hacia los homosexuales.
Si Dios sigue amando al pecador (y sigue siendo claro en no aprobar su conducta), nosotros debiéramos amarlos también. Nos resultará difícil, confuso e incluso escandaloso, pero podemos lograrlo si somos intencionales en aprender. Ese es nuestro problema a resolver.
Espero que cada página que leas te brinde una perspectiva fresca de este desafío, y de equipe con herramientas en tu liderazgo. Si tú cambias, los que te rodean, comenzarán a cambiar también. |