Soy
Existe en la Argentina un diario de distribución nacional llamado “Página/12”. Este periódico siempre tuvo una tendencia bastante transgresora con respecto a lo políticamente correcto que otros periódicos profesaban. Cada artículo, cada título y cada dibujo de historieta siempre tuvo –y tiene–, un sesgo de transgresión que es notorio. Aunque ahora han tildado a este diario de ser más blando respecto a años anteriores por haber sido comprado por una multinacional, continúa, de vez en cuando, alineando algunos de sus artículos detrás de la vieja escuela.
Y la última puesta en escena que hizo fue la salida de un suplemento dedicado pura y exclusivamente a homosexuales, lesbianas y travestis. El nombre del suplemento es “Soy”, como una manera de mostrar al mundo –al menos a los lectores de este periódico– que la condición sexual que motiva a un hombre a acostarse con otro hombre es una cuestión de identidad, algo así como natural, normal y hasta divino. Sí, divino.
Este escenario nos muestra a las claras que el tema de la homosexualidad dejó de ser un tema tabú en nuestra sociedad y que la gente ya no se escandaliza “tanto” cuando ve una pareja de hombres paseando tomados de la mano o dos mujeres besándose los labios apasionadamente en la vía pública. Pero, ¿qué hay de lo que vemos los cristianos desde las iglesias? ¿Cuál es la visión de la iglesia respecto a esta elección de vida de tantos individuos? Y, lo que es más importante, ¿qué hace la iglesia para recibir en su seno a personas con problemas de identidad sexual?
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¡Hay un gay en mi iglesia!
La Iglesia de Jesucristo es parte de la sociedad, y los homosexuales que andan paseando por la calle, alguna vez verán abierta la puerta de algún templo e ingresarán allí en busca de “algo” que les diga que lo que están haciendo no es correcto, o tal vez, algo que les justifique su conducta sexual.
Pues, bien, ¿qué actitud tomaremos al cruzarnos en el atrio con, tal vez, dos chicas que entran tomadas de la mano porque “vieron luz y entraron”?
“El homosexual no es, se hace. Nadie nace siendo homosexual –dice Simón Elbittar, director de Juventud Para Cristo, de Venezuela–. Se hace como producto de una serie de elementos que confluyen para que esto suceda. Aspectos familiares, sociales y emocionales hacen que el individuo tome decisiones inconscientes que lo lleven a cometer acciones concientes.
No es homosexual la persona que como parte de su curiosidad y desarrollo sexual tiene alguna aislada atracción (o contacto) con una persona del mismo sexo. Esto es muy frecuente y no implica que esa persona sea homosexual. El homosexualismo es un patrón de conducta que adquiere una persona por una serie de carencias y/o traumas en el desarrollo de su personalidad, lo cual consecuentemente afecta su interior y posteriormente sus conductas sexuales.
El homosexualismo no tiene que ver con genética ni con demonios (en esto último, por lo menos en su origen). Tiene más que ver con decisiones inconscientes originadas por una crianza desafortunada, reforzadas por el medio donde se desenvuelve la persona”, concluye Elbittar.
Entonces, así como vienen a la iglesia alcohólicos, drogadictos, personas con estrés, gente sin trabajo y deprimidos, también vienen homosexuales –a veces. Todas son personas con problemas. Problemas que hay que solucionar o, al menos, ayudarles, guiarles a una solución.
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“Siempre procuro dejar claro que no hay una escala de pecados según su gravedad, el pecado es pecado y separa a las personas de Dios”, dice Sherman Herrera, pastor juvenil de Centro Cristiano Vida Nueva en Costa Rica.
Suele pasar que se mira como más escandaloso la entrada de un gay a la iglesia que un drogadicto o un alcohólico, quienes pareciera que tienen prioridades a la hora de repartir misericordias.
¡Hay un gay en mi grupo de
jóvenes!
¡Wow! ¡Qué momento! Seguramente a más de un líder juvenil le habrá tocado enfrentarse con esta situación. El tema es que muchas veces nuestros prejuicios nos hacen equivocar la actitud que tomamos en ese momento. Desde la mirada de reojo a la murmuración por lo bajo, llegando también a la exclusión, son distintos tipos de acciones resultantes de estos prejuicios.
He presenciado un caso en que en medio de un culto glorioso, el pastor se detuvo un momento para hablar seriamente a la congregación acerca de un gran problema que se había suscitado en medio de la grey. Tras hacer poner de pie en público al involucrado, denunció su condición de homosexual ante toda la congregación invitándolo a retirarse de esa reunión. Demás está entrar en detalles lo que fue el resto de ese culto. ¿Hasta dónde pueden ganarnos los prejuicios que tenemos como iglesia al enfrentarnos a personas que eligieron este estilo de vida?
La falta de contención a homosexuales en la iglesia durante tantos años “es algo que ha hecho mucho daño; de ahí la importancia de que el liderazgo procure aprender acerca del tema”, destaca Herrera. “Muchas veces los prejuicios son causados por el desconocimiento o la ignorancia; Dios tiene el poder para transformar a cualquier persona sin importar el o los pecados que ha cometido. Es posible que el homosexual abandone su estilo de vida”.
“En nuestras iglesias debemos educar en materia de sexualidad, desde una perspectiva cristiana, basados en los principios y valores que se hallan en las Escrituras. En el mundo hay mucha confusión por el gran auge que ha tenido el movimiento ‘gay’, por lo que hoy más que nunca es necesario que nuestros jóvenes conozcan la verdad sobre el homosexualismo, y así puedan vencer prejuicios y conceptos erróneos que abundan en nuestro entorno”, finaliza.
Haciendo un breve muestreo, nos encontramos que de veinte pastores de iglesias grandes de América Latina, consultados acerca de si tienen en su iglesia local un programa o capacitación para sus líderes respecto a cómo contener a una persona homosexual que llega a la congregación, 17 de ellos dijeron que no. Si bien se trata solo de una consulta de menor escala, podemos tomarla como tendencia a tener en cuenta.
“Lamentablemente existe muy poca contención, ya que en la iglesia existe muy poca formación (y en consecuencia muy poca sensibilidad) para tratar el tema de la homosexualidad”, dice Elbittar. “No se trata preventivamente en los niños y adolescentes, y mucho menos en los jóvenes y adultos. Y no se habla de los temas que dan origen a la homosexualidad, así que lamentablemente estamos haciendo muy poco. TODOS los líderes cristianos deberían recibir formación en esa área (así como en otras que están diezmando a nuestra juventud; drogas, violencia, pornografía). Y por eso el enemigo de Dios y de los hombres está dañando y destruyendo tantas vidas”, concluye.
¡Hay un gay en... mí!
Hemos tratado de ver qué hacemos cuando un homosexual viene a la iglesia, se involucra en el grupo de jóvenes que lideramos, pero, cuando nos enfrentamos a él, ¿les ofrecemos esperanza? ¿Los miramos con lástima? ¿Los vemos como un caso perdido?
Tal vez el poco tratamiento del tema, o los mismos prejuicios, hagan que el índice de homosexuales recuperados sea menor que de quien anduvo en drogas, delincuencia, alcoholismo, y aún mismo, ciencias ocultas. Pero lo que queda claro es que para Dios no hay imposibles y que el homosexual tiene recuperación, ya que su condición no es genética ni hereditaria, sino electiva.
La iglesia juega un papel importantísimo en esta recuperación. Es parte de la maquinaria de Dios para hacerle llegar el verdadero amor a estas personas que, simplemente, eligieron mal. Ni más ni menos que eso.
El problema de la homosexualidad, ¿debe verse solo en un contexto espiritual? ¿O también puede tener otro tipo de contención profesional? “Si no hay un buen consejero/terapeuta cristiano que lo esté atendiendo, no podemos tener un ‘mapa completo’ de la persona. Por eso, todo líder juvenil debe rodearse de personas idóneas en este campo”, dice Simón Elbittar, sin titubeos. Y agrega que “esa persona luego de venir ante el Señor y derramar su corazón, necesita ayuda especializada en lo espiritual y en lo emocional”.
“Sí, creo que el homosexual tiene esperanza para cambiar de estilo de vida”, dice, categóricamente, Sherman Herrera. “La persona que desea abandonar la homosexualidad debe reconocer su problema –su pecado–, y aceptar el perdón y restauración que Dios quiere traer a su vida. John Paulk, de Enfoque a la Familia y Exodus Internacional, menciona los siguientes pasos para poder salir de la homosexualidad y recibir sanidad:
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Cerrar las puertas del antiguo –y pecaminoso– estilo de vida. (Lc. 9:62; Stg. 1:8).
Permitir que otros te ayuden. (Heb. 10:25; Stg. 5:16).
Reconocer y someterse a la autoridad de tu líder o pastor.
Perdonar a otros: familiares, amigos y figuras de autoridad. (Mt. 6:14-15, Col. 3:13).
Aceptar la confrontación con humildad. (Sal 25:9; Prov. 18:12; 22:4).
Recibir consejos y ponerlos en práctica. (Prov. 5:11-14; Gál. 6:9).
Entender que la restauración es un proceso.
Cambiar tus etiquetas, aceptar tu identidad como hijo o hija de Dios. (1 Cor. 6:11).
Abrazar el mundo del hombre y la mujer heterosexual, estableciendo relaciones de compañerismo con hombres y mujeres que no están luchando con la homosexualidad.
Vencer los temores (temor al rechazo, a la crítica, etc).
No darse por vencido, inténtalo y ten seguro que no es fácil lograrlo.
Depositar tu esperanza y tu futuro en el Señor. (Rom. 9:23). |
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